EL MARACANAZO SESENTA AÑOS DESPUES:

EL MARACANAZO SESENTA AÑOS DESPUES:
UNA VALORACION CRONOLOGICA

Valentín Samé

No van lejos los de alante, cuando los de atrás corren bien.

(Proverbio popular cubano)

Ningún equipo es tan bueno como aparenta ser cuando está ganando, ni tan malo como parece cuando está perdiendo.

Rubén Rodríguez

(Narrador y cronista deportivo)

No existe en la historia del fútbol y del deporte en general, ningún acontecimiento que por su envergadura, dramatismo y consecuencias, se pueda comparar con lo acontecido aquel 16 de Julio de 1950, conocido como El Maracanazo, ante 173800 espectadores reunidos en el histórico y emblemático estadio Maracaná de Rio de Janeiro, la concurrencia jamás registrada en la historia para un partido de fútbol, lo que constituyó un percance de repercusiones incalculables y devastadoras para todo un país, triunfo con el que Uruguay sumó su segundo título mundial, cuando Brasil todavía no había conquistado el primero.

Para Uruguay su victoria más resonante y significativa, para Brasil su derrota más costosa y traumática, hasta el punto que su recuerdo resulta tan satisfactorio para el aficionado charrúa, como perturbador para el carioca. Capaz de decretar la inmortalidad de aquel Uruguay comandado por Juan López y gravar en letras de oro, nombres como el de Juan Alberto Schioffino, Alcides Edgardo Ghiggia, Matías González, Roque Maspoli, Eusebio Tejera, Victor Rodríguez Andrade y Rubén Morán. Así como sumir en el estigma y el olvido a toda una generación de jugadores brasileros, además de constribuir y determinar hasta hoy día, la entrega y pasión con que ambas selecciones, defienden sus respectivos colores nacionales y juegan cada partido.

Cuando la trayectoria previa al encuentro, condición de local y calidad de sus jugadores, convertían a Brasil en el gran favorito; lo cual teniendo en cuenta la probabilidad y perspectiva, bien sea de la victoria o la derrota, ante un adversario que ya contaba con un trofeo en su poder, al que casi nadie auguraba posibilidad de triunfo y sin nada que perder, junto con su tradicional y acreditada garra, teniendo en cuenta lo que en términos psicológicos y emocionales ello representa, constituyen entre otras tantas, las premisas y factores que se confabularon y obraron en función del desenlace.

Sobre todo a partir del segundo gol de Ghiggia y el grito casi unánime y desesperado de la afición: !Barbosa¡, cual inexorable y elocuente presagio de lo que ya comenzaba a resultar posible y estaba por suceder, algo que de paso dice mucho de la particularidad de este deporte y que en el fútbol todo siempre es posible, destinado por demás a sumir al fútbol brasilero en la espera, el recuento y la reconstrucción durante ocho largos años, pasando por el mundial de Zuisa en 1954.

En la misma medida en que este deporte dejaba a la saga la época de la simplicidad, el voluntarismo y la expontaneidad, llamado a depender de otros denominadores, argumentos y exigencias, tales como habilidad, facultades físicas, mentalidad y reserva emocional, propias de un mejor balance y equilibrio, entre sus diversos componentes y una mayor explotación del espacio de juego, todos los cuales constituyen entre otros, las peculiaridad y el sello distintivo del fútbol contemporáneo.

Para que una vez superado aquel percance y los traumas que del mismo se derivaron, lo sucedido se transformara en compromiso y acicate para el pueblo y las generaciones posteriores de jugadores, conciente de que si amargo es el fracaso, mucho peor es su reiteración, tras lo cual el fútbol brasilero realizó el balance indispensable y apelando a su incalculable arsenal de condiciones, recursos y posibilidades, comenzó a tejer una nueva historia futbolera, escrita con el sacrificio, el sudor, la sangre y lágrimas de los protagonistas de aquella derrota y el pueblo que la padeció.

Caracterizado por desplegar un fútbol dinámico y creativo, virtuoso y espectacular, capaz de deslumbrar por su arte y convencer por su eficacia, hasta alcanzar la anciada y merecida reivindicación de aquel Brasil de Flavio Costa y de hombres como Ademir, Zizinho, Jair, Augusto, Danilo, Chico, Bigode, Bauer y Paolo Barbosa, durante el Campeonato Mundial de Suecia en el año 1958.

Desde entonces media centuria ha resultado suficiente, para que mediante la conquista de la Copa Mundial de Chile 1962, México 1970, (pasando por la merecida y escamoteada de Argentina 1978), Estados Unidos 1994 y Corea-Japón 2002, el fútbol brasilero situado en toda su plenitud, grandeza, florecimiento y esplendor, asiste a su plena y cabal consagración, como si el tiempo se hubiera revertido y lo que alguna vez fue su Waterloo, se transformara en un flamante, luminoso y prometedor 14 de Julio.

(No hay votos todavia)


Posts Relacionados

No hay comentarios Escribe un comentario

No hay comentarios todavia.

Dejar un comentario

¿ Cuánto da la suma de 2 + 4 ? (obligatorio)



¡ Gracias por tus comentarios ! Spam, insultos, ... se borrarán.