La delicada situación de López Caro en el Vaslui rumano
A Juan Ramón López Caro le luce el pelo desde que dirigió al Real Madrid en 2006. No lo hizo ni especialmente bien ni especialmente mal en esa etapa turbulenta del Madrid deshauciado en aquel entonces por Florentino Pérez. Ahora su aventura en el Vaslui rumano amenaza con acabar mal después de tan solo seis jornadas disputadas y ya eliminado en la previa de la Europa League.
El caché de haber entrenado al Real Madrid le ha valido para pasar de ser un entrenador exitoso en segunda división B (Campeón con Mallorca B y ascenso con el Castilla) a un calamitoso entrenador de primera división en Racing, Levante y con el Celta en segunda división.
Sus amistades con el madridista cuerpo técnico actúal de la Federación Española le valió para dirigir la Selección sub-21 en el europeo 2009 sin pasar de la fase de grupos. Con nombres más o menos contrastados en Primera como Bojan, Pedro León, Capel, Granero o Raúl García.
López Caro vuelve a ser noticia ahora después de un inicio lamentable con el Vaslui, un proyecto del empresario Adrian Porumboiu, que ya había sido capaz de clasificarse el año pasado para la Europa League y aspiraba este año a disputar la liga a los clásicos Steaua o Dinamo de Bucarest.
Porumboiu, famoso en Rumanía por su fuerte carácter al estilo de mandatarios más patrios como el malogrado Jesus Gil, le dio completos poderes a López Caro para configurar la plantilla, lo que explica la llegada de jugadores como Rivas o Campano. Con un finiquito valorado en un millón de euros todas las instancias del equipo, desde el presidente a la mayoría de los jugadores están ahora forzando al entrenador de Lebrija a dimitir.
El presidente critica abiertamente al entrenador después de cada partido y ya le ha cerrado alguna vez las instalaciones para boicotear sus entrenamientos. No pasa nada por criticar a un entrenador que no realiza bien su trabajo, y es que López Caro todavía no ha demostrado saber sacar el mejor rendimiento a futbolistas de máximo nivel. Pero otra muy distinta es hacerle insufrible la estancia a un trabajador porque no comulgas con su modo de proceder, ni porque los resultados no te acompañen.
Firmar contratos millonarios tiene el problema de quedar pillado en caso de que el proyecto vaya mal a las primeras de cambio. Más le valdría a Porumboiu haberse fijado más en lo que fichaba en lugar de seguramente quedar deslumbrado por hacerse con los servicios un entrenador que había estado en el Real Madrid. Otra cosa es la ética del propio entrenador al saberse nada respaldado y renunciar al resto del contrato. Pero la presión y la coacción no es tampoco el mejor modo de conseguir esa decisión, más para un hombre con escasa autocrítica como ha demostrado ser el lebrijano durante todos estos años.
Veremos como termina esta historia.
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